Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

"GRACIAS DR. BILARDO"

...porque no puedo vivir sin el Fútbol. Por eso me cuesta tanto decir que no cuando me proponen dirigir un equipo, sobre todo si se trata de hacerlo en mi casa, como siento a Estudiantes. Y yo, que no tengo sueños sino objetivos, hoy me he propuesto recuperar al fútbol de mi club"

 

 
La otra vida del doctor fútbol
El técnico campeón mundial del '86 con Argentina pasó por Rafaela dirigiendo a Estudiantes y entregó una charla inolvidable. Desde la historia del chico que amaba a su madre a pesar de los castigos que ella le daba, pasando por el joven que nunca se dio tregua hasta llegar al hombre que vive demostrando que sólo lo conforma ser el mejor.

Se lo ve tan apasionado, verborrágico y atropellado como siempre. Sólo ha levantado su perfil, pero no el de su ya famosa nariz, por cierto, sino el de su manera de pararse frente a las exigencias que impone el mercantilizado mundo de la pelota. Claro que en esto tiene que ver su nueva condición de periodista deportivo y, también, el paso inexorable de la vida. "Pero yo no he cambiado mucho. Sumo mañas o voy modificando pequeñas cosas en mi manera de actuar, pero mi esencia es siempre la misma", dice Carlos Salvador Bilardo, el mismo que nació un 16 de marzo de 1938 para hacer del fútbol su vida. Y, entonces, todo lo que de él se sabe gira en derredor de un mundo que conoce como pocos y en el que se destaca como un verdadero ganador. Pero el entrenador de Estudiantes tiene otra vida, una vida en la que entran su familia y su pasión por la medicina.

¿Ahí también quiere ser el mejor?

"Sí, no me conformo con otra cosa. Por ejemplo, por ser el mejor en el fútbol dejé todo. En los ocho años que estuve en la selección casi ni vi a mi hija, ni siquiera fui al colegio cuando le dieron el título. Y de golpe me encontré con que ella tenía 20 años, cuando para mí seguía siendo de 12. Yo tenía la foto de una nenita y Daniela ya era una mujer. Entonces me di cuenta de que se me había pasado la vida y de que hay cosas que son irrecuperables".

Pero no parece haber cambiado...

"No, porque no puedo vivir sin el fútbol. Es mi placer, ¡pero cuando gano! Por eso me cuesta tanto decir que no cuando me proponen dirigir un equipo, sobre todo si se trata de hacerlo en mi casa, como siento a Estudiantes. Y yo, que no tengo sueños sino objetivos, hoy me he propuesto recuperar al fútbol de mi club".

Pero esa tendencia a decir que sí lo expone demasiado a perder prestigio, ¿siempre se autoexigió tanto o sólo cuando se trata de fútbol?

"Desde que nací fue así, porque mi mamá quería que yo fuera un ejemplo. Ella era una mujer imponente que me pegaba muchísimo. Me hacía estudiar en Navidad y en Año Nuevo, y una vez que le saqué unos centavos para un chocolatín ¡me dio una paliza infernal! Pero yo igual la amaba a la vieja porque ella hizo las dos cosas más importantes de mi vida: me empujó a que estudiara y me llevó de la mano a San Lorenzo, a los cinco años, para que empezara a jugar al fútbol".

¿Y su papá?

"Mi viejo era autoritario, pero no al extremo de mi abuelo, que era durísimo. Mi viejo sólo fue dos veces a la cancha: una cuando yo tenía 12 años y la otra cuando perdimos con Paraguay, en el '85. Ahí todo el estadio gritaba 'Bilardo, compadre...', entonces él me dijo: 'Por favor, Carlos, no dirijas más'. Eso me pidió".

¿Usted le pegó alguna vez a su hija?

"Una vez, y la pasé muy mal, sentí que le había hecho daño. Pero es que los tiempos cambiaron, ahora está la psicología y todo eso. Yo soy de otra época, nunca me analicé. Mi mejor psicólogo es ir a un velorio o pensar en los jóvenes que murieron en Malvinas, por ejemplo. Esas cosas son las que no tienen solución".

¿Su autoexigencia juvenil se mantuvo en la adolescencia?

"Tal como lo dije antes. Yo estudiaba desde las diez de la noche hasta que tocaba el pito de la fábrica Fontanares, anunciando las seis de la mañana. Entonces me daba una ducha y me iba a jugar a San Lorenzo. Me dividía entre mis dos pasiones. Estudié medicina porque tiene relación con la vida y porque me encanta ver nacer".

Y justo usted fue a conocer a la que sería su esposa en un velorio, ¿es cierta la anécdota sobre su casamiento?

"¿Y la relación con el fútbol?... sí. Yo estaba en Estudiantes y Osvaldo Zubeldía dio tres días de licencia a aquellos jugadores que quisieran casarse. Ahí nomás la llamé a la que era mi novia desde hacía dos años y le dije que nos casábamos ¡al día siguiente! Pero después lo pensé toda la noche, me di cuenta que se venía el campeonato encima, que era un lío y me arrepentí. Entonces, cuando llegamos al Civil le pedí a Gloria que lo dejáramos para el año siguiente... y se armó la discusión. Todos opinaban, ¡en el medio de la calle! Hasta que salió la jueza y nos dijo: 'O se casan o me voy'. Entonces, Manera y Poletti me empujaron adentro. Eran las dos de la tarde, a las cuatro fuimos a la iglesia, a las ocho estábamos en la fiesta en el City y al otro día en Mar del Plata para poder volver a tiempo para la pretemporada".

Siempre la autoexigencia...

"Es que yo tuve maestros de vida que me enseñaron que ese es el camino: mi padre, el doctor Juan Gandulla y Osvaldo Zubeldía. Un día, cuando Osvaldo nos dirigía en Estudiantes, nos llevó al andén de Constitución a las siete de la mañana. Esperamos y apenas llegó el primer tren nos paramos detrás de unas columnas, para que no nos vieran, y nos dijo: 'Esta es gente de trabajo que va a morir así, no van a poder progresar, no tienen chances. Ustedes hagan lo que quieran, pero si me hacen caso, van a asegurar la vida de sus familias. Hay que entrenarse, hay que concentrarse, hay que jugar...'. Y nos hicimos a esa idea".

Esta nueva etapa de su vida en Estudiantes y trabajando en los medios parece haberle devuelto la sonrisa, ¿es así?

"Vea, cuando yo era chico justamente me decían sonrisa, pero cuando pasé por la selección me puse muy ansioso. En aquella época me la pasaba esquivando los ataques de gente que buscaba perjudicarme para sacar ventajas y yo no nací para eso. Nunca hice un arreglo, y ojo que me ofrecían dinero a cada rato ¿eh? Pero aceptarlo hubiese sido traicionar a mi padre, que me enseñó a vivir de manera decente. Por eso casi ni firmo contratos... los que me conocen saben que basta mi palabra. Hoy me siento mejor, trabajo en el fútbol, hago periodismo y tengo la chance de disfrutar más de la familia".

La última: usted sólo tuvo una hija, ¿es cierto que le hubiese gustado que Diego fuera hijo suyo?

"Nosotros tuvimos a Daniela y Dios no nos mandó más aunque nunca nos cuidamos. Pero está bien, mi hija es lo que más quiero, es una persona maravillosa. Lo de Diego es una forma de decir, porque lo quiero mucho. Más allá de todo lo que le pasó en la vida, es un tipo muy derecho, demasiado puro para este presente de cheque sin fondo y falta de palabra".

 

México '86

Carlos, mucha gente cree que si usted no contaba con Maradona en el Mundial del '86, Argentina no hubiera sido campeón...

"Eso no se puede saber. Además, yo fui el primero que le dio el valor justo a Diego. Mientras la mayoría de los especialistas opinaba que Platini sería la gran figura del Mundial, yo le di la capitanía ya en el '83 y dije que era el único titular en mi equipo, lo que me costó recibir muchas críticas. Estaba convencido que iba a ser lo que después demostró ser".

¿Cuál fue la principal virtud de ese equipo?

"En las encuestas la favorita era Francia. Después venían Brasil, Italia, Argentina y Alemania. Pero el grupo respondió bien. Hubo un jugador desequilibrante como Maradona, rodeado por otros como Burruchaga, Valdano, Batista, Giusti, Olarticoechea, Ruggeri y uno muy importante para el sistema: José Luis Brown. A él le dije que iba a ser titular cinco minutos antes de la charla táctica y respondió de una forma sensacional".

¿Por qué le pegaron tan duro en la fase previa?

"Me atacaron de todos lados y me pegaban con todo. Decían que no al laboratorio, no a los videos, no a las jugadas de pelota parada. Un día, después de ver videos, le llegué a pedir a los jugadores que, si les preguntaban, dijeran que habíamos estado hablando. Si los periodistas se enteraban que estudiábamos a los rivales, me liquidaban en los medios. Y mire el fútbol de hoy. Todo lo que hice hace tantos años ahora se acepta como imprescindible".

¿Ese Mundial fue su mayor alegría como entrenador?

"Seguro. Después de haberme peleado con todos, al final pudimos imponer nuestras ideas. Ese fue mi logro mayor. Junto con Madero, Pachamé, el profe Echevarría, defendimos durante 30 años una forma de ser y cambiamos el mapa futbolístico".

VOLVER